20090702

Invasión de los Ladrones del Movimiento

Estimados/as lectores/as del blog. Si bien la totalidad de los artículos publicados hasta el momento son de autoría propia, creo que el presente material bien vale la pena que sea compartido y difundido, ya que habla de un problema latente en todo movimiento social, como lo es el movimiento por los Derechos Animales. El presente artículo es una excelente reflexión de James LaVeck (fundador de Tribe of Heart y productor de filmes como "El Testigo" y otros) que fuera publicada en la ahora inexistente revista "Satya", y también en el propio sitio web de Tribe of Heart.


Invasión de los Ladrones del Movimiento

Una Causa de Justicia Social Cae Presa de la Doctrina del “Mal Necesario”


Título original en inglés: Invasion of the Movement Snatchers: A Social Justice Cause Falls Prey to the Doctrine of "Necessary Evil"

Disponible en el sitio web de Tribe of Heart


Por James LaVeck


Nunca sabes cuando una agencia de Relaciones Públicas está siendo efectiva; sólo verás tus posturas cambiar ligeramente.

Ejecutivo de RRPP


Pocos de nosotros se dan cuenta que algunas industrias de los EE.UU. pagan cientos de millones de dólares a empresas de relaciones públicas para que eliminen cada uno de los obstáculos a la obtención de ganancias. En la cúspide de la lista de esos obstáculos se encuentran los movimientos de base de justicia social.

En un artículo del sitio web de su Centro para los Medios y la Democracia, los autores y activistas sociales John Stauber y Sheldon Rampton describieron las actividades de MBD, una de esas firmas de RRPP envueltas en el desmantelamiento de movimientos sociales concernidas con problemas que van desde la lluvia ácida, dioxinas, biotecnología y residuos tóxicos, hasta apartheid, energía nuclear, especies en peligro de extinción y derrames petrolíferos.

“Su método favorito”, escribieron Stauber y Rampton, “es el de una estrategia de ‘divide y vencerás’ fuertemente dependiente en la captación: Primero identifica a los ‘radicales’ quienes están reacios a comprometerse y quienes demandan cambios fundamentales para reparar el problema en cuestión. Luego, identifica a los ‘realistas’, típicamente, organizaciones con un significativo presupuesto y personal trabajando en la misma área relativa de opinión pública que los radicales. Después, acércate a esos realistas, casi siempre a través de un amigable tercer partido, comienza un diálogo, y eventualmente cierra un trato, una solución ‘ganar-ganar’ que marge y excluya a los radicales y a sus demandas.”

“Más tarde, ve junto con los realistas hacia los ‘idealistas’ que han aprendido acerca del problema a través del trabajo de los radicales. Convence a los idealistas que una solución ‘ganar-ganar’ acordada con los realistas es lo mejor para la comunidad en su conjunto. Una vez cumplido esto, los ‘radicales’ pueden ser tildados de ‘extremistas’, la jugada de RRPP está en marcha, y el trato puede ser explotado en los medios para hacer a la empresa y a sus ‘moderados’ socios activistas parecer heroicos por haber solucionado el problema. Resultado: la industria tal vez tenga que hacer algunas pequeñas concesiones temporales, pero la preocupación fundamental levantada por los ‘radicales’ es extinguida de plano.” [el énfasis es mío]

Qué tiene que ver este perturbador escenario con los activistas por los Derechos Animales y con nuestro movimiento para terminar con la utilzación de seres sintientes? Pues bien, resulta que la primera vez que Stauber y Rampton escribieron sobre MBD, fue en referencia a la presentación hecha por Ronald Duchin –cuarto en jerarquía en MBD— nada menos que en la Asociación de Ganaderos de los EE.UU. (ver página 66 del libro Toxic Sludge is Good for You: Lies, Damn Lies and the Public Relations Industry). El año era 1991, y Duchin, un graduado de la estadounidense Escuela de Guerra del Ejército, estaba delineando la estrategia más efectiva para “tratar con” el mayor irritante de la industria ganadera: nosotros.

Duchin recomendó el siguiente plan de tres etapas:

1) Aísla a los radicales.

2) “Cultiva” a los idealistas y “edúcalos” para volverlos “realistas”.

3) Capta a los oportunistas para que acuerden con la industria.

En su discurso, Duchin contaba con que los idealistas eran un “hueso duro de roer” y que, a causa de su altruismo inherente, y del hecho de que no obtienen ganancias personales por sostener sus posturas, el público tiende a creer en ellos. Luego Duchin ofreció a los ganaderos una astuta estrategia. Les dijo que si de algún modo los idealistas pudieran ser convencidos de que su oposición a un producto o a una industria inadvertidamente causara daño a alguien, ellos no podrían vivir con tal contradicción y se verían forzados a cambiar su punto de vista, y así adoptar una posición más “realista”.

Acto seguido, Duchin les habló a los ganaderos acerca de cómo trabajar con “oportunistas” del movimiento, gente que él describió como vinculados al movimiento por “visibilidad, poder, seguidores, y tal vez, empleo… La clave para tratar con oportunistas es proveerles con al menos una percepción de una victoria parcial.”

La adopción masiva de “huevos de gallinas felices”? Algunos asientos en la mesa con el grupo que desarrolla estándares para producir carne “Ecológica”? Ternera “rosada” libre de encierro? Hoy en día, esos y otros desarrollos similares están siendo ampliamente caracterizados como victorias por organizaciones con reputación por oponerse lealmente a la explotación de animales.

El Latrocinio de la Amabilidad Humana

No es nada placentero pensar acerca de la posibilidad de que nuestro movimiento esté en el proceso de ser captado y neutralizado de acuerdo con un esquema diseñado hace 19 años por una firma asesora de la industria ganadera. Pero para la industria animal, hay billones de dólares en juego, y se cae de maduro que van a jugar a ganar. Consideren cómo la imparable presión para llevar sus acciones a cotizar siempre un poco más alto, cuarto a cuarto, puede poner a los ejecutivos corporativos en un éxtasis de hipercompetitividad. Como resultado, uno regularmente lee sobre espionaje industrial, campañas de difamación mediática, intentos de corromper líderes políticos, escándalos contables y brutales batallas de posesión de empresas. Existe acaso alguna razón para creer que gente cautiva en tal sistema pueda ser siquiera un poco menos despiadada al tratar con un movimiento ciudadano que quiere ponerlos en bancarrota?

Stauber y Rampton, luego de años de investigar las actividades de la industria de las RRPP, señalan la tendencia de los activistas a negar la posibilidad de ser engañados, “a los activistas les gusta creer que están demasiado comprometidos con nuestras causas, demasiado globlalizados y concientes como para ser endulzados con sumisión poco razonada al sentarse y asociarse con el enemigo.” Pero de acuerdo con el gurú de las RRPP Denise Deegan, señala Stauber, “la industria continúa teniendo a este tipo de ‘diálogo’ como el más efectivo método para manejar activistas.”

El trabajo de Stauber y Rampton apenas está basado en teorizaciones “de escritorio”. En su lugar, fue derivado de un exhaustivo estudio de la historia de los movimientos de base reales que, como el movimiento por los Derechos Animales, han atentado confrontar prácticas industriales. Ellos estudiaron, por ejemplo, cómo la firma de RRPP MBD creció a partir de una exitosa campaña para neutralizar un boicot masivo a la corporación Nestlé. A finales de la década de 1970, Nestlé estaba intentando persuadir a millones de mujeres en el Tercer Mundo para que usen una fórmula infantil sintética en lugar de amamantar a sus hijos. “En jerga activista”, notaron Stauber y Rampton, “este boicot es señalado como una victoria grandiosa, pero en el mundo corporativo es entendido que es la industria la realmente ganó, al serruchar el piso de la campaña. Al hacer concesiones selectivas a los activistas, Nestlé fue exitosa al negociar el fin del boicot. Luego, los activistas quedaron atónitos al descubrir que las prácticas de marketing de la fórmula infantil de Nestlé continúan, sólo que con cambios “cosméticos”. Los niños del Tercer Mundo continúan muriendo, pero hoy en día sus dramática situación recibe poca atención, y los activistas han encontrado que un boicot, una vez terminado, no es fácilmente reinstalado.”

Traslada esto al movimiento de los Derechos Animales, el llamado a boicot es, simplemente, activismo vegano (“veganismo” significa boicotear cualquier producto de origen animal). Cuando pasamos de pedir a la gente que prescinda de, o reduzca su consumo de productos de origen animal, a públicamente apoyar productos animales “humanitarios” o “ecológicos”, no estamos acaso, de plano, desmantelando nuestro propio boicot? Piensa en esto. “Un boicot, una vez terminado, no es fácilmente reinstalado.”

Jugando a Ganar-Ganar

Entonces esto es en serio. Repasémoslo una vez más y reflexiona sobre cómo los desarrollos recientes en el movimiento por los Derechos Animales podrían relacionarse con el manual de RRPP tal como fue resumido por Stauber y Rampton.

Primero identifica a los ‘radicales’ quienes están reacios a comprometerse y quienes demandan cambios fundamentales para reparar el problema en cuestión.

Hipotéticamente, ese podría ser cualquier individuo que crea que los animales merecen derechos, que utilizarlos está mal, y que la solución es alentar a la gente a boicotear todos los productos de origen animal, y así lograr el objetivo a largo plazo de abolir el estatus de propiedad sobre los animales. No estamos hablando de tácticas radicales, sino de ideas radicales. Estamos hablando de educadores comunitarios, investigadores amateur, activistas, abogados, bloggers, artistas, enfermeros, protectores de animales, comerciantes, escritores, repartidores de volantes, clérigos, dietistas, granjeros, educadores humanistas, estudiantes universitarios, trabajadores de refugios, instructores de yoga, adolescentes, músicos, doctores, y todo tipo de activistas del día a día que practican el veganismo como una expresión de la no-violencia que predicaba Gandhi como rechazo a cooperar con cualquiera que obtenga ganancias de la opresión hacia los demás seres sintientes.

Luego, identifica a los ‘realistas’, típicamente, organizaciones con un significativo presupuesto y personal trabajando en la misma área relativa de opinión pública que los radicales.

Hipotéticamente, esos podrían ser algunas de las grandes organizaciones multimillonarias de defensa de los animales, las cuales tienen significativas campañas de “animales de granja”.

Después, acércate a esos realistas, casi siempre a través de un amigable tercer partido, comienza un diálogo, y eventualmente cierra un trato, una solución ‘ganar-ganar’ que margine y excluya a los radicales y a sus demandas.

Hipotéticamente, ésta podría ser una oferta hecha por alguien como John Mackey, CEO de Whole Foods, uno de los mayores distribuidores estadounidenses tanto de productos de la industria frigorífica como de cosecha orgánica, para asociarse con activistas por los Derechos Animales y con “visionarios” de la industria ganadera para desarrollar nuevos estándares para la utilización “humanitaria” de los animales. Sin embargo, para poder participar, los “realistas” deben contradecir de hecho su propia posición de que los seres sintientes nohumanos (los animales) no deberían ser usados para fines humanos, ya que negociar los detalles de su explotación con aquellos que se encargarán del matadero y la obtención de ganancias mina dramáticamente la integridad de este principio fundamental.

Ahora, a través del esfuerzo combinado de la industria, y la participación de organizaciones por los Derechos Animales, la respuesta de la persona “razonable” al ser alertada sobre la dramática situación de los animales ya no será naturalmente el veganismo, ni siquiera la reducción del consumo de carne, lácteos y huevos, sino la compra de productos “humanitarios” de origen animal.

Simultáneamente, el foco de la opinión pública cambia irrevocablemente de la dudosa moralidad de usar (y matar) animales, a una elaborada, interminable disputa sobre cómo se hará la faena –condiciones, tratamiento, estándares y regulación.

Bajo este nuevo marco, llamados públicos hechos por activistas de los Derechos Animales a boicotear todos los productos de origen animal, a no participar del uso de animales, no tienen lugar. Tal tema de conversación es ahora una situación embarazosa para los grupos de Derechos Animales participantes, y una broma para los integrantes de las asociaciones y/o industria ganadera. Tal tema de conversación queda ahora relegado al campo del “radicalismo”.

Más tarde, ve junto con los realistas hacia los ‘idealistas’ que han aprendido acerca del problema a través del trabajo de los radicales. Convence a los idealistas que una solución ‘ganar-ganar’ acordada con los realistas es lo mejor para la comunidad en su conjunto.

Hipotéticamente, éstos podrían ser las pequeñas organizaciones idealistas que están convencidas de sumarse a las grandes organizaciones para acompañar la “mini-revolución de los estándares humanitarios”. Juntas, convencen a los educadores de la línea de frente y a los activistas civiles que solamente promover el veganismo ya no es el enfoque adecuado. Los activistas deben ahora apoyar simultáneamente apoyar la “carne feliz” y los “huevos ecológicos” como un supuesto paso transicional para personas que no dejarán de consumir productos de origen animal hoy en día. Hacer otra cosa, alegan, es sinónimo de abandonar a millones de animales actualmente atrapados en el sistema de la industria ganadera.

Confrontados con esta aparente “contradicción”, gran número de idealistas del movimiento de los Derechos Animales cambian su postura y comienzan a adoptar una posición más “realista” o “pragmática”, una aplicación literal de la fórmula de Duchin de “cómo convertir idealistas en realistas”. Este nuevo “pragmatismo” incluye la promoción pública de un comportamiento no-vegano –consumo de productos “humanitarios” o “ecológicos” de origen animal— al mismo tiempo que la promoción de un comportamiento vegano –boicot a todo producto de origen animal. Alocadamente, estos recién formados idealistas incluso comienzan a referirse a sí mismos como “pragmatistas”, y a aquellos que son fieles a sus propios antiguos valores en contra de la participación como “puristas”, “absolutistas”, o simplemente “idealistas”, incluso algunas veces como “egoístas” o “autoritarios” en su “rigidez moral”.

Llegando a la Gente Donde la Gente Esté

Es alarmante, y profundamente perturbador, cómo esta nueva forma de pensarnos a nosotros mismos y a nuestro activismo cuadran tan perfectamente en el mapa del Sr. Duchin para nuestro futuro, y cómo eso hace eco tan perfectamente en el “dilema” de John Mackey, de Whole Foods, quien habla de cómo él perdería su posición como CEO, la propia base de su habilidad para hacer una diferencia en el caso de que él impusiera sus valores personales y negara a sus clientes la oportunidad de adquirir una amplia gama de productos de origen animal. Entonces, dada su preocupación por los animales, Mackey está moralmente obligado a hacer lo que necesite hacer para mantener su posición en la cima, y a usar el poder que necesite usar para crear una nueva línea de productos frigoríficos “compasivos con los animales”, al tiempo que trabaja junto con grupos de Derechos Animales para convencer al público de comprar dichos productos –dicho entonces con palabras del propio Mackey: “ser pioneros en una nueva forma de que la gente se relacione con los productos de granja, con el bienestar de los animales convirtiéndose en el objetivo más importante.”

Del mismo modo, algunos líderes de grupos de Derechos Animales participantes podrían razonar que, en el caso que “impusieran” el veganismo y la abolición del uso de animales al público al rehusarse al ofrecerles una alternativa de productos “humanitarios” de origen animal aprobados, ellos mismos perderían el dinero y los miembros que creen son la base de su habilidad para hacer una diferencia. En lugar de ello, para tener impacto y credibilidad entre el máximo número de colaboradores, legisladores, periodistas y demás gente del “mainstream”, necesitarán “llegarle a la gente donde la gente esté”, y ofrecer “opciones”. Ellos parecen creer que están, de hecho, moralmente obligados a trabajar con la industria de forma de desarrollar y mercadear productos “humanitarios” de origen animal que ellos aseguran ayudan al público y a la industria frigorífica a transitar fuera de las más horrendas formas de tortura a los animales.

De forma de poder ver a dónde está conduciendo este nuevo enfoque de “llegarle a la gente donde la gente esté”, no precisamos ir más allá del más reciente esquema de etiquetado, éste que fue lanzado en Australia por una organización animalista internacional. Se llama “Opción Humanitaria” (“Humane Choice” en inglés) y el comunicado de prensa declara de forma entusiasta que la nueva etiqueta “garantizará al consumidor que el animal ha sido tratado con respeto y cuidado, desde su nacimiento hasta su muerte… La etiqueta de Opción Humanitaria significará que el animal ha tenido la mejor vida y la mejor muerte ofrecida a cualquier animal de granja… Ellos básicamente viven sus vidas tal como lo hubiesen hecho en la granja del viejo MacDonald…” [referencia a una popular canción infantil en la tradición anglosajona]

Opción Humanitaria? La granja del viejo MacDonal? Ves cómo los roles se están invirtiendo? El activismo por los Derechos Animales ya no se trata más sobre la ética y la justicia social –ahora se trata de opciones del consumidor. La venta de carne ya no se trata más de convertir a seres sintientes en “objetos” para su explotación y obtención de ganancias a partir de ellos –ahora es acerca de bienestar animal. El veganismo ya no es un imperativo moral –ahora es una opción de estilo de vida encantadoramente excéntrica.

Y llegamos a la frase final de Stauber y Rampton: Una vez cumplido esto, los ‘radicales’ pueden ser tildados de ‘extremistas’, la jugada de RRPP está en marcha, y el trato puede ser explotado en los medios para hacer a la empresa y a sus ‘moderados’ socios activistas parecer heroicos por haber solucionado el problema. Resultado: la industria tal vez tenga que hacer algunas pequeñas concesiones temporales, pero la preocupación fundamental levantada por los ‘radicales’ es extinguida de plano.

El Complejo Industrial del Bienestar Animal

Tanto si nuestro movimiento llegó a su actual estado totalmente, o en parte, debido a maquinaciones de la industria de las RRPP, o si está simplemente autodestruyéndose por cuenta propia, deberíamos estar shockeados y profundamente consternados dado que la estructura del actual movimiento recuerda tan cercanamente a la visión de compromiso moral, división y debilitamiento provocado por un consultor de RRPP hace tantos años. Sea como sea que haya sido logrado, es innegable que el tamiz de la precisión lingüística, pensamiento crítico e integridad filosófica necesarios para proteger nuestro movimiento de tal degradación ha sido cualquier cosa menos desactivado.

Resulta perturbador pensar en cómo las cosas podrían haber ido tan lejos tan rápidamente, pero se cae de maduro que el Sr. Duchin y su calaña no han estado cruzados de brazos por los últimos 19 años. Al comulgar juntas sus asuntos en una aleación crecientemente salvaje por tantos años, el lenguaje, valores, intereses y objetivos de las organizaciones animalistas y el de la industria frigorífico-ganadera se están volviendo difíciles de distinguir, creando así un tipo de “complejo industrial del bienestar animal” en el que “actores” –figuras dominantes de la industria y del movimiento corporativo por los Derechos Animales— se encontrarán regularmente en privado para negociar el precio de la preocupación pública por el sufrimiento de los animales.

A la industria irán anexos de las organizaciones animalistas para una gama cada vez más bizarra de productos “humanitarios” de origen animal, así como de prácticas “compasivas”. A los grupos animalistas irá un puñado de “victorias parciales” así como algunas regalías tales como auspicios de conferencias con oportunidades publicitarias de alto nivel. Al hacer el proceso de forma tan ordenada y racional, al reducirlo a unos pocos actores clave con una comprensión tácita del arreglo, todas las partes involucradas recibirán un abastecimiento regular de lo que necesitan para seguir creciendo a un rápido ritmo. Más dinero. Más clientes/miembros. Más conexiones políticas. Más habilidad para dictar los términos del discurso público.

Los trabajos de este hipotético complejo industrial del bienestar animal encajan confortablemente la Orwelliana cultura de nuestra sociedad post-11 de setiembre, donde los Derechos Civiles y el Estado de Derecho están siendo sistemáticamente minados en nombre de la protección a nuestra “libertad”. En el centro se encuentra nuestra aceptación de la doctrina del “mal necesario”, la cual nos lleva a ir en contra de nuestros valores clave y racionalizar nuestra complicidad en actos de violencia e injusticia cometidos contra otros –actos que son frecuentemente descritos como “tristes” y “reprochables”, pero, seamos realistas, inevitable y absolutamente necesario si vamos a cumplir nuestra dichosa misión. Bajo la doctrina del mal necesario, no hay nada fundamentalmente malo al encarcelar a miles de personas sospechosas, pero no procesadas, enjuiciadas o sentenciadas por algún crimen, en una red global de prisiones secretas, e incluso torturarles –siempre y cuando todo sea hecho por nobles razones, y de acuerdo con los “estándares” apropiados.

Considera el paralelismo entre estos dos pasajes, el primero de ellos del New York Times, y el segundo, de la página web de una campaña de promoción de una industria frigorífica en Inglaterra:

A pesar de que la C.I.A. ha enfrentado críticas por el uso de crudas técnicas, un oficial de inteligencia veterano dijo que los detenidos no han sido maltratados. Les fue proporcionada asistencia dental y oftalmológica, así como el Korán, alfombras de oración y relojes para cronometrar oraciones, dijo el oficial. También les fue proporcionado material de lectura, DVDs y acceso a equipamiento de ejercitación.

Esta no es ternera de cajas marginalmente iluminadas. Estos animales disfrutan una vida plena, con abundante espacio e iluminación, dentro de edificios apropiados en invierno y pasturas al aire libre durante el resto del año; una dieta variada; y cuidado de una vaca nodriza cuando ello es posible.

Sí, los pobres becerros huérfanos destinados al cuchillo del matarife ahora disfrutan al ser amorosamente nutridos por una “matrona” antes de que sus vidas sean permanentemente liquidadas. Y que nadie se sienta mal por la brevedad de la existencia de los terneritos, ya que la industria acertadamente señala que “con una expectativa de vida de seis meses, viven el doble que las gallinas de crecimiento más lento; tienen la misma expectativa de vida que un buen cerdo orgánico, y más que la mayoría de los corderos orgánicos.”

Así que aquellos que consumen la carne de estos mimados becerros son en realidad humanitarios solucionando un “problema de bienestar animal”. Al comer la desechada cría macho de las vacas lecheras, estaremos salvando a estos recién nacidos de la alternativa moralmente repugnante, una más corta y más brutal vida en una caja. Uno no puede evitar recordar la cita atribuida a un teniente durante la guerra de Vietnam que declaró, “Tuvimos que destruir el poblado, de forma de poder salvarlo.”

De acuerdo con un reporte de periódico, nueve días después del lanzamiento de esta campaña de la “Buena Ternera”, las ventas de ternera en una cadena de supermercados inglesa aumentaron 45 por ciento. Notablemente, el sitio web de la campaña lleva el logo de una enorme y bien respetada organización por los Derechos Animales cuyo nombre comienza con la palabra “compasión”.

De ahí que un boicot que lleva décadas, esté cualquier cosa menos neutralizado. Piensa en cuánta gente trabajó, y por cuánto tiempo, para educar al público acerca de por qué comer ternera debería ser tabú. Cuánta ternera especialmente etiquetada “Buena Ternera” tiene uno que comer para que la distinción se disuelva, y simplemente sea bueno comer ternera?

Una vez más, las causas fundamentales de nuestro movimiento están siendo eliminadas.

El Arte de la Eterna Compasión

En esta nueva era, para ser un activista vegano, para alentar exitosamente a otros a boicotear toda participación en el uso de animales, uno tiene que hacer mucho más que exponer a la gente a la injusticia de la explotación de animales, ayudarles a sobrellevar la inercia de sus hábitos personales, resistir la presión familiar y social, y ver a través de vergonzosas decepciones de la industria frigorífico-ganadera. Ahora, uno tiene además que desbancar la falacia patente de productos “humanitarios” de carne feliz entusiastamente acompañados, promovidos y, en algunos casos, incluso desarrollados por algunas organizaciones que son, esencialmente, la cara visible del activismo por los animales.

Si la abolición del uso de animales es nuestro objetivo final, tal y como muchas veces se dice, y si el veganismo es la cosa aislada que representa la más poderosa expresión de oposición a la explotación de animales, por qué entonces debería alguna organización de Derechos Animales hacer el trabajo de los activistas y educadores veganos tanto más difícil?

Trabajadores de refugios, educadores y activistas veganos ya están reportando que miembros del público, cuando son enfrontados con la realidad del uso de animales, cada vez más indican que expresarán su preocupación por dichos animales no boicoteando o reduciendo su consumo de productos de origen animal, sino adquiriendo productos de origen animal etiquetados con sellos de “producto humanitario”. Whole Foods, de forma no sorprendente, es frecuentemente mencionada por su nombre.

Los productos “humanitarios” de origen animal parecen ser el antídoto perfecto para el conflicto interno surgido al saberse cómplice de la explotación de animales. Pero tristemente, negociar una verdad sagrada por una hábil mentira, las etiquetas de “producto humanitario” hacen de un auténtico momento de consciencia una farsa.

Si nos paramos fuera del esquema mental del complejo industrial del bienestar animal, y elegimos en cambio moldear nuestro enfoque de acuerdo con movimientos de justicia social del pasado que fueron exitosos, queda claro que nuestro trabajo consiste en investigar sin pausa y exponer la explotación de la industria frigorífico-ganadera; rescatar animales y ofrecerles santuario; educar al público acerca de quiénes son los animales y por qué está mal usarlos (y matarlos); y crear y promover ideas, productos, valores sociales, prácticas comerciales, tradiciones, artesanías, lenguaje, filosofía, y leyes que sean completamente no-violentas, que de ninguna forma participen o refuercen la legitimidad del uso de cualquier ser sintiente.

Tal forma de trabajo por el cambio pacífico a prueba del tiempo es tanto práctica como poderosa, y ciertamente encaja con la dignidad de la causa que servimos. Habla de lo mejor en la naturaleza humana, y produce oleadas de cambio de constante crecimiento. Cada persona que se acerca e indulta a un gran número de animales, suma al pool de la creatividad y la sabiduría, y se vuelve alguien más que se preocupa por una visión incontaminada de pesimismo o egoísmo. Esto naturalmente hace crecer a nuestro movimiento sin diluir la fuerza o la claridad de nuestro mensaje, y gana el respeto de esos grandes números de individuos que están listos para escuchar y aprender de nosotros, pero que todavía no están listos para sumarse a nuestra causa. Para ellos –la gente que trabaja a través de la duda o la transición de estilo de vida— respetuosamente ofrecemos oportunidades para aprender más mientras tanto reducen su consumo de los productos del sufrimiento. Dado el tiempo, al transformar más y más vidas individuales podemos, y lograremos, transformar una sociedad entera.

Al transitar este camino, podemos estar confiados en que cada paso que demos, grande o pequeño, es un paso en la dirección correcta, un paso hacia la liberación de incontables seres sintientes de una vida de explotación y sufrimiento. Y descansar seguros, bajo la creciente presión del escándalo público frente a la crueldad y las injusticias que nuestro trabajo incansablemente expone, la industria frigorífico-ganadera no tendrá otra alternativa que responder “mejorando” sus prácticas. Si la historia sirve de guía, su alegada mejoría para los animales no pasará de historias funcionales a sus intereses. Pero a veces los cambios podrían verdaderamente reducir el sufrimiento de los animales, y hacer un menor daño es siempre mejor que hacer un mayor daño, y eso, hay que admitirlo, es algo bueno.

Pero no necesitamos ser parte de soñar con los mejorados detalles de los nuevos y mejorados sistemas de explotación de la industria, y ciertamente no necesitamos poner nuestros buenos nombres y la credibilidad de nuestro movimiento en los resultantes productos en cuestión. Deja que la industria le pague a gente como el autodenominado “activista por los animales” y diseñador de mataderos Temple Grandin hacer esas cosas. Y deja a esos pedidores de disculpas profesionales “llevarse el crédito” por crear métodos más eficientes y más rentables de “matar con amabilidad”.

No nos olvidemos que hay una razón para que los grupos por los Derechos Humanos no apoyen métodos de tortura y ejecución “humanitarios” para ejecutar presos políticos, y hay una razón para que los activistas por los Derechos de los Niños no colaboren con la industria internacional de la pornografía para que desarrollen estándares y un etiquetado especial para aquellas películas que hacen un uso “compasivo” de adolescentes faltantes de sus hogares. Hacer tales cosas es introducir ambigüedad moral a situaciones donde jamás se debería permitir que los límites entre el bien y el mal se vean difuminados. Ser agente de tal distorsión es convertirse uno mismo en cómplice de la violencia y el abuso.

Seamos claros. Cuando acompañamos o hacemos apología del consumo de cualquier producto de origen animal, no sólo estamos alentando a un acto que bien sabemos que es inmoral –no sólo difuminando la línea entre el bien y el mal— sino que también estaremos intencionalmente ignorando la contribución que la ganadería hace al calentamiento global, al hambre mundial, a las enfermedades crónicas, al abuso de trabajadores, a la desertificación, y a la pobreza del Tercer Mundo. No seamos demasiado concluyentes al asumir que otros no están listos aún para absorber todo el peso de las verdades que sabemos evidentes. El mundo ya ha visto demasiado cinismo al día de hoy, y está listo para algo nuevo. Compartamos libremente con todos la mejor verdad que tenemos, y hagámoslo con el coraje, altruismo e integridad de aquellos incansables idealistas que llegaron antes que nosotros –aquellos cuyas palabras y hechos históricos han redefinido los límites del potencial humano.

Un principio es un principio, y en ningún caso puede ser desteñido por nuestra falta de capacidad para vivirlo en la práctica. Debemos luchar por conseguirlo, y la lucha debería ser consciente, deliberada y dura. – Mahatma Gandhi


James LaVeck es co-fundador de la organización educativa sin fines de lucro Tribe of Heart y productor cinematográfico de filmes ganadores de importantes premios, entre los que se incluyen El Testigo y Reino Apacible: El Camino a Casa


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Versión en español: Pablo Fernández-Beri 090701 - Agradecimiento especial a Juan Vegano por las sugerencias.

1 comentario:

javriv dijo...

Llama la atención, el no encontrar comentarios a tan largo e interesante artículo. Puede haber mucho de verdad en el mismo, sin embargo, el objetivo final de hacer de este mundo, un mundo vegano, puede no ser la solución a la meta perseguida. Seguramente argumentarán que esto es obra de un "realista" infiltrado, como lo señala el propio artículo. Pero el siguiente enlace, cuestionable como cualquier otro, indica que el veganismo no queda excento de culpa, en lo que a daño animal se refiere:
http://theconversation.com/ordering-the-vegetarian-meal-theres-more-animal-blood-on-your-hands-4659